Este cuento fue escrito por Ándres Felipe Sevilla Robayo con el fin de reproducir la idea de construcción colectiva en la que algunos de los integrantes del curso participaron a través del blog http://proyectoconstruyendohistorias.blogspot.com/
Sin embargo, el mismo autor creó sus propios personajes, los caracterízo y describío el escenario de la historia del cuento de principio a fin.
Los dibujos fueron tomados del cuaderno en el que los dibujó.
Ellos trabajan juntos, se cuidan el uno al otro, hacen buen equipo y viven en un bosque rodeados de muchas especies diferentes de animales. Pero un día todos esos animales desaparecieron; entonces dijo Luis ¡Oh! ¿Dónde están todos?, y como sentían un vació entre ellos, decidieron ir a buscarlos.
Pasaron por situaciones difíciles, por el río, por la niebla…, pero en el camino encontraron a un castor grande y juguetón, de color amarillo, amigable y feliz, llamado José, quién después de saber a qué iban Tomy, Luis y Daniel, los invitó a su casa, les dio un delicioso café, hablaron sobre sus vidas, jugaron y se divirtieron mucho.
Tomy, Luis y Daniel querían irse, pero José les dijo: ¡esperen yo sé dónde están sus amigos! Cuando yo estaba buscando leña para hacer una fogata porque hacía frío, vi cómo un duende malo se los llevó a su castillo y los obligó a cumplir deberes que él les impuso tratándolos mal.
- “Vamos” dijo Tomy,
- ¡Espera! Dijo Daniel, primero debemos saber qué vamos a hacer.
- Luis dijo: no sería mejor planear.
- Si dijo Tomy.
Esperen exclamó José, yo tengo un mapa que nos puede guiar y los quiero acompañar porque el camino es largo; tendremos que pasar por el bosque encantado, el lago habitado por cocodrilos y también encantado, las montañas coloridas y finalmente llegaremos al castillo del duende, que ahora que recuerdo, se llama Miguel. Además, creo que debemos trabajar en equipo y estar unidos para encontrar a sus amigos.
Después de tanto caminar, lograron pasar el bosque encantado y al mismo tiempo tenebroso por el gran tamaño de sus árboles, que al pasar los lastimaron porque el movimiento de las raíces y las ramas los hacían caer.
Siguiendo por el camino hacia el lago encantado, se encontraron con muchos animales de todos los tamaños, desconocidos pero muy tiernos y amigables, que les curaron sus heridas causadas por los árboles del bosque. Después de curarlos los acompañaron hasta el lago, donde Luis les dio las gracias en nombre de todos y se despidieron.
Ahí, en el lago encantado solo habitaba un cocodrilo llamado David, muy amigable y juguetón que le gustaba nadar también al atardecer, por eso tuvieron la oportunidad de contarle el motivo de su viaje. Después de hacerse amigos, el cocodrilo los ayudó a pasar hasta la otra orilla del lago y los acompañó a continuar el viaje en busca de los amigos.
Hablaron y hablaron durante buena parte del recorrido del viaje y llegaron a las tres grandes y coloridas montañas: la primera de color verde, la siguiente amarilla y la última azul; todas hablaban entre sí como amigas, con ojos, nariz y boca.
Estas montañas no tenían nombre, sólo se llamaban por su color: azul, amarillo y verde. Se hicieron amigas de Tomy, Luis, Daniel, José y David y les dijeron a los visitantes que si querían pasar, debían repetir con ellas la siguiente frase: “la naturaleza es sabia, el hombre también, pero mucho que lo intente, nunca podrá superarla”. Al decir toda la frase, lograron pasar y finalmente llegaron al castillo del duende, les contaron a los guardias la razón de su viaje.
Los guardias los dejaron pasar y cuando entraron al castillo, encontraron al duende Miguel, un personaje muy alto de apariencia amorosa y amigable que les explicó que él solo quería tener amigos para jugar, porque ese castillo es demasiado grande y como se sentía solo, quiso llevar a los animales del bosque para que vivieran con él.
Entonces Tomy le dijo al duende: tú puedes ser amigo de todos si evitas obligar a los demás a hacer tu voluntad. Miguel dejó libre a todos los animales del bosque y desde entonces anda cantando por el castillo: Chopi ya tengo amigos, soy feliz.










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